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Ayer me tiraron las cartas y la primera pregunta que me hicieron fue si existías vos.
Me quedé callada porque solo percibiéndome un poquito, el universo se dio cuenta antes que yo de lo mucho que me gustás. El "sí" fue tímido como mis ganas de aceptarlo.
Todo el resto es relativo. Si sobrevivo otra vez todo, si vos sentís algo por mi, si esto o aquello.. Cosas que atraemos o no según nuestras ganas, cosas que generamos o sentimos según nuestra fuerza. Mientras me preguntaban detalles de lo que me pasaba traté de pensar claramente y detenerme un segundo en cada momento de estos últimos seis meses (creer o reventar: hasta me dijeron cuantos fueron). Me fui a dormir sin que me escribas y ya un poco resignada. Para qué voy a forzar las cosas que no se dan? Por qué me voy a exponer, por vez un millón, a que me salga todo mal?

Hace un rato vi una foto tuya sonriendo y todavía no se me fue el dolor de panza. Es irracional: me salta el pecho cuando me hablás, me tiemblan las manos cuando te me acercás mucho y me muero porque duermas conmigo todas las noches.
Y aprendí.. otra vez, porque odio ser siempre la vulnerable, la enganchada, la que estira lo que no da. Odio los consejos de todos sobre hablarte o no. Odio que me duela la panza cuando te veo reírte.
Odio que me gustes.

Volví a buscar la foto. Y ahí estás.
Sos, existís.
Me desequilibra.
Y me basta.