Escuchando un relato que no intentaba ser motivacional se me estrujó la panza. Los 114 minutos de podcast. Nada alcanza para distraerme de haber identificado, con la ñata contra el vidrio, otra vez, el quilombo enorme que me toca la puerta. No hay nada que me ayude ni me haga sentir menos desamparada. 
Sin buscar inspirar a nadie me hizo pensar en que tal vez hay mucho que me estoy perdiendo de mi misma, pero para no intentar ir tan lejos, me puse un objetivo que me queda tan grande que aún siento lejano: nunca más este nudo en la panza. El resto son el resto. Yo hago lo que puedo y... tal vez por primera vez reconocí un límite.