Me quedé pensando en vos mirándome acostada de espaldas y acariciándome la espalda con la yema de los dedos. Hablando cualquier boludez seguro. Riendote solo, de mi, qué se yo. De cómo el sol que entra por mi ventana sin cortinas (porque las odio y nunca lo entendiste) me dibuja rayas en la piel.
Te escribiría pero no sé qué decirte. No sé si te extraño a vos o a nuestra rutina juntos.
Ojalá nunca me leas ni me pienses cómo yo a vos: así, sin entender nada. Ojalá entiendas todo lo que te pasó conmigo porque esta sensación y lo digo posta, negro, no la merecés ni un poco. No la merezco ni yo.