Se me llenaron los ojos de lágrimas solamente de estar parada en ese balcón y ver todo lo que habíamos hecho, en perspectiva. Fue como un flashback de estos últimos tres años: desde lo global hasta lo particular, la infinidad de tristezas y alegrías que nos tocaron sortear, todo junto en ese golpazo de viento y la ciudad frente a los ojos
Hace tres años elegí que me cambie la vida para siempre. Hoy me dijeron "el título es simbólico, si tu trabajo va a depender de un cierre de listas" y vi con claridad, en esa frase, qué es lo que quiero. Una vida al servicio. La vocación de ser en función de lo que los demás necesiten. Demandante, obvio, durísimo también. Agobia a veces. Harta. Tensión, tracción, nunca un descanso. Pero es que la satisfacción va tanto mas allá que cuando, como ahora, se te llenan los ojos de lágrimas y podes inflar el pecho y decir "sí, la puta madre, llegamos hasta acá también por mi esfuerzo", balanceás y ves cuanto, cuanto valió la pena
Entonces todo pasa a segundo plano. Te emocionaste pero terminás el pucho y sabés que volvés a la oficina (cualquiera que sea) y te ponés a laburar. A laburar de lo que AMÁS. De lo que elegiste, o te eligió. Porque se ve que servís para eso. Que tenés pasta, que sos un cuadrito interesante. Y ahí vas
A cumplir las expectativas de todxs lxs que puedas. A romperte el orto para que la vida de la gente esté al menos un poco mejor. Te sentás frente a la compu y otra vez.. lagrimas y piel de gallina. Lágrimas, piel de gallina, y sonrisa. Lo mejor está acá, por duro o fuerte que sea. A sortearla. A bailar esta suerte.