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Me asombra el poder hermoso que tiene y no pierde algo tan sencillo pero tan inmenso como la palabra. Qué sería de nosotros sin poder expresarnos? Qué sería de mi sin poder escribirme y sin poder explicarme qué me pasa a través de un par de oraciones inconclusas que tienen sentido solo para mi? Como sería mi catarsis?
Tal vez tendría que afrontar mis problemas.. Pero no. Lo cómoda que estoy atrás del teclado o de la lapicera, el miedo que me dan la pantalla o la hoja en blanco mirándome expectantes a ver cual es la verdad inconfesable que voy a contar ahora, leerme después de algún tiempo y replantearme mil decisiones a través del simple ejercicio de un par de palabras volcadas de la manera más rimbombante y sutil que encontré. La cantidad de desvelos, el énfasis en la creación, el amor que conlleva.. todo eso es escribir. El ritual íntimo de ese momento de total exposición donde estamos mi realidad y yo vomitando todas nuestros secretos..
Lejos, allá arriba, en la oscuridad y fuera de la ciudad encuentro mi paz. Con una lapicera, con una hoja, con un porro y con tu amor. O sin él. Pero abstraída, abriendo el pecho a que me sobrepasen de a una las emociones, a que el ritmo de mi instinto sea quien lleve los hilos, a que tu voz resuene en mi cabeza pero lejos y bajito.
Me mando mil cagadas y vivo equivocada. Me caigo y no siempre me levanto rápido o me levanto. Me cuesta verme en perspectiva.. salvo cuando me escribo. Siempre canalicé así, siempre fue mi refugio. Mi manera de bajar la tensión y mi momento de ser.

Ay, Valentina.. Ojalá sea algún día capaz de mostrarle este blog al mundo. Ojalá todo lo que pensás y sentís pudieras mostrarlo. Ojalá pudieras imponerle tus reglas a tu mundo y no dejar que siga sobrepasandote y prepoteandote. Yo no confío en vos, pero dale, intentalo..