Hay algo seductor de los domingos a esta hora. Algo seductor en ver la luz al final del túnel: en encontrar del otro lado de esta semana mis vacaciones no deseadas y forzadas pero finalmente esperadas y necesarias.
Algo movilizante en sentirte igual que siempre, en el fleje. Algo destructivo para no perder la costumbre. Algo de amor en juego por la paz de la familia y la risa de Pedro que me recargó la energía como si fuera el final de Monster Inc.
Algo de paz en dormirme entre los brazos de la rutina, de la estabilidad, de lo que ya no quiero pero sobrevive en el tiempo a mis desplantes y mis indiferencias.
Hay algo que me atrae de los domingos a esta hora, bañada y encremada, en casa. Hola Valen, hola Morris, hola domingo, nos amigamos porque no nos queda otra y acá estamos.