Hay algo seductor de los domingos a esta hora. Algo seductor en ver la luz al final del túnel: en encontrar del otro lado de esta semana mis vacaciones no deseadas y forzadas pero finalmente esperadas y necesarias. 


Algo movilizante en sentirte igual que siempre, en el fleje. Algo destructivo para no perder la costumbre. Algo de amor en juego por la paz de la familia y la risa de Pedro que me recargó la energía como si fuera el final de Monster Inc. 

Algo de paz en dormirme entre los brazos de la rutina, de la estabilidad, de lo que ya no quiero pero sobrevive en el tiempo a mis desplantes y mis indiferencias. 

Hay algo que me atrae de los domingos a esta hora, bañada y encremada, en casa. Hola Valen, hola Morris, hola domingo, nos amigamos porque no nos queda otra y acá estamos. 

 Te das cuenta que hay un problema porque cuando hay un miedo viene primero el miedo a ser culpable y luego el miedo al miedo. 

Me exorcizan mis amigos. Me sacan la mierda del cuerpo. 

Estoy agotada de pelearme contra fantasmas pero ellos pelean conmigo. Hay cientos de cosas que me agreden permanentemente, ninguna tanto como yo misma: al lado mío quince warriors discutiendo contra lo que me duele, poniendose de barrera contra el dolor, juntando los pedacitos mios cada vez que me rompo porque me dejo vencer.

No estoy segura de qué cosas hago bien y qué cosas hago mal. Sé que me castigo y me someto a malas decisiones porque, de a ratos, me quiero destruir. Será que en parte también me confío en que no me van a dejar caerme nunca. 


Reflexiones después de un día de leer chats viejos, soñar cosas dolorosas y hablar media hora con Santi sobre temas comunes. Mi vida común: eso son. El anclaje a la realidad. Lo certero de lo bueno, lo malo, y el amor. La paz en la angustia. Desatenderme es desatenderlos. 
Ojalá sepan lo que son para mi. 


Quien hubiese dicho que venir de viaje contrariada podía ser una bomba de tiempo y angustia que explotara en dos minutos? Quiero encontrar las palabras para contarte lo que me pasa sin hacerlo antes de tiempo: quiero explicarte que toda esta nube de dudas, incertidumbre, miedos y frustraciones mal manejada tiene motivos. 

Quiero silenciar la cabeza y disfrutarme a sabiendas de que no hay gramos de ningún dosaje para ayudarme. Quiero sostenerme a mi misma sola y no puedo, porque me encuentro indeseada e incorrecta, me veo en mis falencias y no en ninguna virtud (ni en el descanso, que tampoco me caracterizó nunca). No me encuentro ni siquiera corriéndome, no me veo ni siquiera en la ausencia. La atemporalidad del deseo, una vez más. 


Cual sería el nudo en la panza de hoy si no fuera este, la consecuencia de la crisis? Sería la causa de la crisis, como anoche? Será que estas van a pasar siempre como la anécdota de las vacaciones que Valentina no pudo disfrutar, por la garganta cerrada de no-placer? 
Si pudiera hoy mismo apagar la cabeza no lo haría, simplemente me desearía a mi misma vivir menos molesta. Quizá sea que tengo que escaparme un poco a estar sola, quizá este era el año para justamente revisarme a mi misma y decidí (otra vez, los compromisos) hacerlo en grupo. 

Extraño cada minuto de la Valentina que fui porque hoy no soy  ni siquiera una versión apagada: soy una versión aburrida, frustrada y frustrante, agobiada por boludeces, incapaz de pedir ayuda. 
Será que sacar de adentro toda esta mierda me hará sanar un poco un 2023 en el que quiero dar vuelta el (mi) mundo? Será que tengo que pasar todo esto para poder cambiar de etapa? Para poder pasar de página? El 15 me cuento.