2.24 am clave un "me asombra" en un texto de Facebook Messenger que me mandaste el julio.
Esa semana que habías perdido el celular y que, como todas, yo me desvivia por hacerte la vida más sencilla.
Puedo admitir que sí, que estaba releyendo conversaciones viejas porque justo dos minutos antes estaba pensando en que te extraño como una forra y en lo lindo que eras cuando me mirabas.
Lo lindo que eras cuando me hacías cocinar y te parabas atras mio a abrazarme, encajando la cabeza justo en mi cuello, para que juguemos a los perfectos y nos demos besos mientras cortaba cebolla. Lo lindo que eras cuando me pasabas a buscar por donde estaba y caminábamos treinta mil cuadras cagandonos de risa como si tuviéramos 15 años. Lo lindo que eras cuando te tenía que levantar a las cuatro de la tarde después de haberme ido y de haberte dejado durmiendo. Lo lindo que eras en ese instante que me mirabas fijo y yo ya sabía que estabas a punto de acabar. Lo lindo que eras cuando me contabas cosas de tu sobrina en la panza.
Lo lindo que eras la primera noche que chapamos. Lo lindo que eras el día que te fue mal en un examen y me quedé en el centro a esperarte. Lo lindo que eras cuando me presentaste a tus amigos. Lo lindo que eras cuando llegabas matado y me tocaba cuidarte.

Te extraño tanto que un toque me asfixia no saber ni cómo estás.
Y créeme que se que es mejor así. Que no nos tenemos que ver más.
Pero hoy hace un año de la primera vez que hablamos y no doy más de querer verte.

Lo lindo que sos, negro. Eso extraño.